Fritos de pencas de acelgas

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Fritos de pencas de acelgas

En casa había una fiesta cada vez que se hacían fritos.

Ya podían ser de carne, de huevo cocido, le plátano,... pero los más ricos, los de pencas de acelgas.

Y lo bueno es que los niños los devoran, con lo que es una buena manera de aprovechar las pencas, que normalmente es lo que se desperdicia de las acelgas, y de darles verduras a los niños

 

 

Los Ingredientes son:

- Pencas de acelgas

- Un huevo

- 2 cucharadas de harina

- Leche entera

- Sal

- Aceite

 

Paso 1

Limpiamos bien las pencas de acelgas y las cortamos en trozos de aproximadamente 5cm de largo.

Paso 2

Cocemos las pencas durante unos 5 minutos con un poco de sal. No deben de quedar muy blandas.

Las colamos para que pierdan todo el agua.

Paso 3

Haremos la masa de los fritos.

Para ello batimos el huevo junto con la harina, leche y una pizca de sal. Deberá quedar con una textura similar a la de una mahonesa ligera. Por ello no indico la cantidad de leche, ya que se deberá ir agregando poco a poco.

Si vemos que nos queda escasa la masa, simplemente añadimos más harina y más leche.

Paso 4

Metemos las pencas en la masa y removemos bien hasta que queden totalmente sumergidas.

Paso 5

Pondremos aceite bien caliente e iremos poniendo las pencas de una en una, sin que se toquen, en la sartén. Les daremos la vuelta una vez que estén doradas por un lado y las retiraremos cuando estén por los dos.

Mejor es ponerlas previamente en un papel absorbente para el exceso de aceite.

Buen provecho

 

 

 

 

 

 

 

Los consejos de Gemma

Las acelgas, a pesar de estar muy presentes en nuestras tierras y en la dieta mediterránea, no gozan de muy buena fama entre los adultos, pero no digamos entre los niños. Esta receta es una manera de cocinarlas muy atractiva para todos, y los peques las toman como si fueran filetes rebozados. Es de elaboración sencilla, sana y natural; un plato fácil, rico y saludable al mismo tiempo.

La acelga es un alimento de consumo popular, económico y muy interesante por su versatilidad en la cocina: en ensalada, en sopa, en potajes, rehogada con ajo, con bechamel, rebozada, en pastel, rellena, en tortilla, en empanada... Es ideal para ponerla como tapa, y un excelente acompañamiento para carnes o pescados. Aunque lo más usual es utilizar sus hojas verdes, también puede usarse el tallo, parte que se conoce como penca. Las pencas sobre una rebanada de pan de Cea con una salsita de tomate o setas por encima están de muerte.

La penca una vez cocida es tierna y suave, rica en vitaminas y minerales; un alimento antioxidante que aporta gran cantidad de fibra con muy pocas grasas y calorías (aunque en la receta de hoy le sumamos hidratos de carbono y grasas a través de la masa de rebozado).

Disponemos de acelgas en el mercado durante todo el año, aunque la mejor época va de finales de otoño a principios de primavera. A la hora de comprarlas nos fijaremos en que las hojas sean tersas, brillantes y duras, de color verde uniforme (sin manchas), con pencas duras y de color blanco. Si las hojas son grandes y arrugadas, y con nervios fibrosos, es que ya han florecido o están a punto de hacerlo; la planta no es joven y esto hace que las pencas tengan un sabor más amargo, fuerte o “picante”, aunque hay gente a la que le gusta (como el amargor del grelo).

Después de cocinadas no se deben guardar mucho tiempo, pues fermentan con facilidad y pueden provocar problemas estomacales. Si se compran frescas y se quieren congelar, las escaldaremos previamente dos o tres minutos.

Es bueno cocer las acelgas en la mínima cantidad de agua posible. Al cocer las verduras pasan al agua de cocción muchas de sus sales minerales, por lo que si la tiramos estamos perdiendo estos tesoros; así que una buena idea es cocerlas con poca agua, y emplear ésta en una sopa o en una salsa para acompañarlas.

La acelga es saciante, nutritiva y con muy pocas calorías, tiene cantidades insignificantes de hidratos de carbono, proteínas y grasas, y un alto porcentaje de agua. Así resulta una verdura poco energética pero rica en nutrientes reguladores como vitaminas, minerales y fibra. Es una de las verduras más ricas en folatos (ácido fólico), vitamina cuyo nombre proviene del latín follium, hoja, con lo que suponemos su presencia en las verduras de hoja verde. También tiene cantidades importantes de betacaroteno (provitamina A), y discretas de vitamina C. El organismo transforma el betacaroteno en vitamina A según lo va necesitando. Sus hojas más verdes son las más vitaminadas.

El mineral más abundante es el potasio con diferencia, y destaca también, respecto al resto de verduras, por su mayor contenido en magnesio, sodio, iodo, hierro, y calcio (estos dos últimos de menor aprovechamiento que los que provienen de alimentos de origen animal (lácteos, carnes, pescados). Sin embargo su contenido natural en vitamina C favorece la absorción del hierro. Si la ponemos en ensalada (o añadimos en el postre o en la comida alguna fruta o verdura en crudo que sea rica en esta vitamina) el aprovechamiento del hierro se verá incrementado.

Otras maneras de preparar las pencas y hacer este alimento una opción “comestible” para los niños son: empanadas con huevo y pan rallado, rellenas jamón o de pavo y queso y empanadas (a modo de San Jacobo), gratinadas al horno, a la vinagreta, salteadas con jamón y huevo, guisadas con tomate, etc

Ánimo y probad, que las acelgas no son sólo para dietas de adelgazamiento. Un saludo y hasta el viernes.

 

 

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es