Coles de bruselas con bechamel al azafrán

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Coles de Bruselas con bechamel al azafrán

 

Las coles de Bruselas no tienen muy buena acogida, y aún menos entre los niños.

Hasta ahora las hacía con jamón, y bien, las comían, pero no les hacían demasiadas fiestas.

Hasta que se me ocurrió hacerlas con esta bechamel, que al mismo tiempo que aprovecha el propio agua de la cocción de las coles, y así aprovechar las vitaminas, el azafrán le da un toque especial.

Además, esta es una de esas recetas que podemos dejar preparado de un día para otro.

 

 

Los ingredientes son:

- 500 grs de coles de Bruselas

- 30 ml de aceite de oliva

- 2 cucharadas de harina

- 300 ml del agua de la cocción de las coles

- 300 ml de leche entera

- Azafrán

- Aceite de oliva virgen extra

- Sal

- Queso rallado

 

Paso 1

Limpiamos las coles de Bruselas quitándole las pieles de fuera. Lavamos y hacemos unos cortes en forma de cruz en la base de la col.

Paso 2

Ponemos una olla a fuego con agua fría, sal y las coles. Dejamos que rompa a hervir y bajamos el fuego un poco, para que no se deshagan las coles y vamos controlando el punto de cocción de las coles. Estarán listas cuando podamos pincharlas sin dificultad con un tenedor.

Paso 3

Sacamos las coles del agua y reservamos. No tiramos el agua, ya que nos va a servir para hacer la bechamel.

Paso 4

Hacemos la bechamel.

Para ello echamos un para de cucharadas de aceite en una sartén y agregamos la harina. A fuego medio-alto removemos bien hasta que la harina empieza a coger un color tostado. Entonces vamos agregando muy poco a poco el agua de la cocción y la leche. En total debería cocer unos 20 minutos para que la harina no sepa a crudo. Al final agregaremos el azafrán y la sal.

Paso 5

En una fuente pondremos las coles y echamos por encima la bechamel.

Espolvoreamos queso rallado y metemos en el horno, función gratinadora a 150ºC durante unos diez minutos, hasta que empieza a dorarse.

Buen provecho

 

Los consejos de Gemma

Las coles de Bruselas son una de las verduras de invierno de más sabor, muy nutritiva, con la que se pueden preparar deliciosos platos principales. Presenta un sabor un poco fuerte y amargo, pero son muy adecuadas en dietas depurativas.

Ya sabemos que la gastronomía de todo el mundo está llena de mitos sobre el origen de muchos alimentos y platos, que si la tortilla francesa no es de Francia, ni la ensaladilla rusa de Rusia …. De las coles de Bruselas se dice que tiene abuelos italianos. Muchos defienden que aunque en Bruselas se produce la mayoría de estas coles que se venden en el mundo, su origen se remonta al Imperio Romano y a diferentes ciudades del norte de Italia. Sin embargo otros autores defienden que su cultivo comenzó en el norte de Francia y en Bélgica, cerca de Bruselas, lo que explicaría su sobrenombre. Vamos que no nos queda nada claro, de todos modos sea quien sea quien comenzó a cultivarlas, por mi parte se lo agradezco, porque aparte de que me gusta su sabor, no requieren de mucho trabajo para limpiarlas, pues apenas tienen desperdicio (se aprovecha el total de lo que se compra). Ya sé que a lo mejor no sois muchos los que me vais a secundar; como dice Minia, no es la verdura con más adeptos, pero para eso nos trae la receta de hoy, para probar nuevas elaboraciones que no las hagan más atractivas.

Aunque las coles de Bruselas están disponibles todo el año, la oferta es mayor en los meses de otoño e invierno, desde octubre, y también las podemos comprar ya congeladas.

A la hora de comprarlas debemos seleccionar las de color verde intenso y brillante, compactas, redondas, bien apretadas y pesadas para su tamaño. La zona del tallo debe estar limpia y ha de ser de color blanco.

Se conservan en el frigorífico una semana, mejor sin lavar y dentro de una bolsa de plástico perforada. También se pueden congelar enteras, escaldadas con anterioridad de tres a cinco minutos y se conservan así durante un año.

La clave para cocinar esta verdura consiste en no cocerlas demasiado, al igual que el resto de verduras. Cuando ha perdido su color verde brillante significa que se ha cocido de más, con lo que disminuye su valor nutritivo. Según el tamaño, el tiempo de cocción no debe exceder los siete o diez minutos, tanto si se cocinan al vapor, hervidas o sofritas. Si tienen un tamaño similar se cocinan al mismo tiempo, pero si las tenemos de varios tamaños podemos partir en dos las más grandes. Las hojas se cuecen más rápido que el centro. Si, como apunta Minia, le hacemos un corte en forma de cruz en la parte inferior (donde va el tallo), se cocinarán a la vez por dentro y fuera.

Las coles de Bruselas son muy bajas en calorías, aunque son las que más aportan de su género, gracias a su mayor contenido en hidratos de carbono y proteínas. Al igual que el resto de verduras tienen una elevada proporción de agua.

También son muy ricas en vitamina C, y una mayor fuente respecto a las verduras de su familia (100 mg por cada 100 g). Las coles son ricas en ácido cítrico, que potencia la acción beneficiosa de la vitamina C. Son una fuente interesante de ácido fólico (folatos) y, en menor proporción, de betacarotenos y vitaminas del grupo B (B1, B2, B3 y B6). Entre los minerales destaca la presencia de potasio, fósforo y yodo, así como cantidades discretas de zinc, calcio, magnesio y sodio.

Las necesidades de ácido fólico son superiores en los niños, por eso es importante la presencia habitual de verduras en su dieta 8sobre todo las de hoja verde.

Tienen un buen contenido en fibra insoluble, lo que favorece la sensación de saciedad y el tránsito intestinal, mejorando el estreñimiento.

En general, las crucíferas o coles contienen glucosinolatos, compuestos responsables de su ligero sabor picante y de su fuerte olor, y que tienen la capacidad de bloquear la absorción y utilización del yodo, con lo que se frena la actividad de la glándula tiroides. Contiene goitrina (sustancia amarga), que es una sustancia antitiroidea, y aunque no es probable que el consumo de coles llegue a producir bocio, no se recomienda el consumo habitual de muchas verduras de este tipo (col o repollo, coliflor, coles de Bruselas) en caso de hipotiroidismo. Por otro lado es curioso que las coles de Bruselas son una de las verduras con mayor contenido en yodo, esencial para el buen funcionamiento de la glándula tiroidea, con lo que se contrarrestra el efecto de los glucosinolatos.

Las coles están deliciosas al vapor, con un chorro de aceite y una pizca de pimentón; cocinadas de esta manera no pierden sus minerales y vitaminas, como sí ocurre al cocerlas o hervirlas (a no ser que, como en esta receta, se aproveche el agua de cocción). Se suelen preparar salteadas con embutidos como el jamón serrano o el chorizo, pues casa bien con los sabores fuertes. Están también muy ricas estofadas, acompañadas, por ejemplo, de una salsa de tomate; y por último es una buena verdura para gratinar con una bechamel, como nos las ha preparado hoy nuestra cocinera.

Se pueden poner como primer plato, o como acompañamiento o guarnición de carnes o pescados azules, solas o junto a otras verduras como zanahorias, judías verdes, patatas, habas…) a modo de menestra, rehogándolas con ajo, cebolla o hierbas aromáticas. Una vez frías las coles de bruselas más pequeñas se pueden poner con otros ingredientes en ensalada.

Pues ahora os toca a vosotros, probadlas con bechamel y un toquecito de azafrán!!! Ya nos contaréis. Un saludo y hasta la receta del viernes…un postre muy muy “picheleiro”

 

 

 

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es