Hummus

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Hummus

 

 

Para mí resulta uno de los entrantes más ricos de la gastronomía árabe.

Resulta delicioso acompañado de pan normal o bien de Dürum, que son ese tipo de tortitas de trigo planas.

Lo que sí, mucho cuidado, es vicioso, y puedes comer mucho más de lo que crees.

Recordar que el cerebro no recibe sensación de haber comido hasta 20 minutos más tarde de haberlo hecho, con lo que en esos 20 minutos nos podremos haber comido una gran cantidad de hummus.

 

 

 

 

Los ingredientes son:

- 150 grs de garbanzos

- El zumo de un limón

- 2 dientes de ajo

- 2 cucharadas de aceite de oliva

- Un pellizco de pimienta de cayena

- Medio vaso de tahini (optativo)

- Sal y pimienta negra molida

 

 

Paso 1

Dejamos los garbanzos en abundante agua toda una noche.

Paso 2

Escurrimos los garbanzos y los hervimos- sin sal- en una olla rápida durante unos 15-20 minutos a fuego fuerte, hasta que queden muy blandos.

Paso 3

Trituramos los garbanzos junto con el ajo, el zumo de limón, el aceite de oliva, la cayena y el tahini. En mi caso he utilizado la thermomix, pero se puede hacer perfectamente con una batidora, aunque en ese caso habrá que ir echando poco a poco los garbanzos.

Paso 4

Podemos echar sal, aunque a mí me gusta sin ella, sobre todo si ya le agregamos el tahini, que lleva sal. Eso a gusto.

Lo dejamos en la nevera hasta que enfríe y lo servimos con un buen chorro de aceite de oliva virgen por encima.

Como comenté en la presentación de la receta, como más rico está es acompañado de pan Dürum.

Buen provecho

 

 

Los consejos de Gemma:

 

Esta receta tradicional árabe de sabor intenso y sorprendente (y que no era muy conocida hasta hace relativamente poco tiempo) se ha extendido como la pólvora, y es ya muy popular en nuestra gastronomía. La primera vez que la probé fue en casa de nuestro amigo Isam, que es de origen Sirio, y me encantó; sin embargo, aunque desde entonces la he tomado alguna que otra vez, nunca la he hecho yo en casa.

Dependiendo de la zona, a la receta básica se le añaden también cominos, coriandro o alcaravea (semillas que tienen un sabor picante, con un aroma parecido al anís) y es típico también espolvorear pimentón por encima cuando ya está frío, antes de servir, tanto dulce como picante, o una mezcla de ambos. A la hora de servir, aparte de pimentón se puede adornar también con semillas de sésamo, un chorrito de aceite y perejil picado.

Es fácil de preparar y muy versátil, perfecto para poner como entrante o aperitivo, o como acompañamiento. Como dice Minia se puede acompañar de pan de pita o dürum (tostado o fresco), o según la zona y las tradiciones también de aceitunas, o de crudités (vegetales crudos) como ramas de apio, zanahoria, tiras de pimiento rojo,...

También se pueden hacer bocadillos con hummus, tomate natural y un poco de perejil picado, o con lo que se nos ocurra.

Se pueden frotar los garbanzos ya cocidos (dentro de su agua de cocción) para que suelten sus pieles y se retiran antes de batir, quedando un puré más fino.

El tahini es una crema de semillas de sésamo que podemos encontrar en grandes superficies, herboristerías o tiendas árabes.

Es un plato calórico, pero muy sano. Es rico en hidratos de carbono de absorción lenta, con lo que disminuye los “ataques” de hambre y tiene un índice glucémico bajo, con lo que ayuda a mantener constante el nivel de glucosa en sangre. Es rico en proteínas HBV (alto valor biológico), pues aunque las de los garbanzos en concreto no lo son, se complementan con las de los cereales del pan de pita y del sésamo, por lo tanto aumenta significativamente su calidad proteica.

Tiene un bajo contenido en grasas, y aporta ácidos grasos omega-3, linoléico y oléico.

Contiene gran cantidad de minerales como hierro, potasio, calcio, magnesio,…, y vitaminas del grupo B como tiamina (B1), riboflavina (B2), niacina (B3), piridoxina (B6) y ácido fólico (B9).

Su riqueza en ácido fólico lo hace adecuado para mujeres embarazadas, para evitar malformaciones y problemas en el tubo neural del feto.

Su alto contenido en fibra ayuda a eliminar toxinas y a regular los niveles de colesterol y el tránsito intestinal.

Es beneficioso en situaciones de estrés, nerviosismo o falta de sueño. Los garbanzos contienen gran cantidad de triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina, neurotransmisor que produce, entre otras cosas, sensación de bienestar y actúa como tranquilizante para mejorar la calidad del sueño e inducir el descanso. Su carencia produce ansiedad y depresión y ha sido un factor en personas con tendencias suicidas.

Varios estudios han demostrado que la concentración de serotonina en el cerebro es directamente proporcional a la concentración de triptófano, y que la ingesta dietética de triptófano influye directamente en la cantidad de serotonina en el plasma, el cerebro y en los niveles de nuestro organismo en general.

Es decir a más triptófano, más serotonina, y a más serotonina, mayor sensación de felicidad.

Sin embargo, para sintetizar serotonina, el cuerpo necesita además de triptófano, ácidos grasos omega 3, magnesio, zinc y vitamina B6, que en este plato aparte de los garbanzos, los aporta también el tahini.

El tahini es una pasta o crema elaborada a partir de semillas de sésamo, típica de la gastronomía de Oriente Medio que sirve para acompañar multitud de platos. Su sabor es pronunciado y parecido al de los frutos secos. Como es un alimento bastante calórico, su consumo debe ser moderado

Tiene un aporte elevado de vitaminas, de minerales y ácidos grasos esenciales, por lo que son importantes sus beneficios para nuestra salud.

Por su contenido en fibra y proteínas de fácil absorción, favorece la digestión de las grasas, evita la arteriosclerosis y la acumulación de grasas en el organismo. Las proteínas que aporta el tahini son muy adecuadas para combinar con las legumbres, como ya he dicho, pues son muy ricas en metionina, un aminoácido deficitario en las legumbres. En cambio contiene poca lisina, pero la complementan los garbanzos, que sí la tienen.

Aporta cantidades importantes de fósforo, hierro, magnesio, zinc, y sobre todo calcio, y también vitaminas A, E y del complejo B.

Contiene grasas insaturadas (alrededor de un 55%), entre ellas la lecitina (en mayor cantidad que la soja), por lo que reduce los niveles de colesterol LDL (“malo”). Contienen igual proporción de ácido oleico (monoinsaturado) y linoléico (polinsaturado), que son beneficiosos para la salud cardiovascular. Además aportan un antioxidante natural, el sesamol, que tiene potenciales efectos protectores contra los radicales libres, así como actividad antifúngica, y también se utiliza como principio activo en la preparación de algunos antidepresivos.

El tahini se encuentra en tiendas de dietética, en herboristerías y en algunos supermercados. Se puede encontrar tostado o crudo. Yo os recomiendo el crudo, pues se mantienen todos los nutrientes intactos.

A pesar de que el tahini no es muy conocido en la gastronomía tradicional, constituye un recurso útil en la cocina vegetariana y permite variar el sabor y la presentación de diferentes platos.

Pues ya sabéis, si todavía no habéis probado el hummus, no os lo penséis, porque además de ser un plato muy interesante nutricionalmente, está riquísimo, y siempre sorprende la primera vez. Y si lo habéis probado, ¿a qué esperáis para hacerlo en casa? Ya veis que es sencillito y casa con un montón de platos. Saludos y hasta la receta del miércoles.

 

 

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es