Tarta almendras

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Tarta de almendras o tarta de Santiago

Esta es la tarta santiaguesa por excelencia. Y yo, como buena santiaguesa, os la voy a enseñar.

¿Quién no ha venido a Santiago y se ha encontrado en el aeropuerto con gente cargada de cajas tipo pizza de esta tarta?

Eso sí, no tiene nada que ver la tarta que se compra por ahí, en los puestos donde te asaltan con un trocito para la prueba, con la que se hace en casa.

Para empezar, por el precio, es imposible que la que se vende por ahí tenga la cantidad de almendra de la receta original.

Así que, no seamos perezosos y hagámosla nosotros, que con lo sencilla que es, no hay excusa.

 

Los Ingredientes son:

- 250 grs. de almendra molida

- 250 grs de huevo (teniendo en cuenta que un huevo mediano pesa entre 50 y 60 grs, nos harán falta entre 4 y 5)

- 250 grs. de azúcar

- Azúcar glass para la decoración

 

Paso 1

Se baten mucho los huevos, hasta que doblen su volúmen y queden blancos.

Paso 2

Mientras continuamos batiendo, vamos agregando poco a poco el azúcar.

Paso 3

Agregamos la almendra con movimientos envolventes hasta que forme una masa homogénea.

Paso 4

Metemos en el horno precalentado a 160 ºC entre 30 y 45 minutos.- Vamos viendo el punto de cocción con la punta del cuchillo, como en el caso de los bizcochos.

Paso 5

Una vez que enfríe, espolvoreamos azúcar glass.

Buen provecho

 

Los consejos de Gemma:

 

 

La tarta de Santiago, uno de nuestros dulces más típicos, o el que más, y yo sin haberla hecho nunca, pero mira, tiene remedio fácil con la receta de hoy. Lo cierto es que nunca me había preocupado ni de mirar los ingredientes, porque los bizcochos la verdad es que nunca se me dieron muy bien...y ahora veo que ni siquiera lleva harina, y que no parece muy difícil, bastan unos huevos, azúcar y por supuesto, la almendra molida, todo a partes iguales, pero claro, el truco estará en el proceso.

Aunque es más cómodo comprar la almendra ya molida y envasada, también podemos comprarla entera y molerla en el momento nosotros mismos, según nuestro gusto. Si hacemos dos moliendas, una más fina con la mitad de las almendras y otra más gruesa, con la otra mitad nos quedará muy bien de sabor y una buena textura del granulado, y además se pierden menos propiedades nutritivas que comprándola ya molida. Además también podemos darle un toque de horno a la almendra cruda ya molida, pues queda muy sabrosa (la removemos de vez en cuando, pero sin dejar que morenee o se tueste). El problema de molerla nosotros es que si nos pasamos, se queda muy grasa y la tarta queda menos esponjosa. También podemos ponerle la mitad de la que compramos ya molida y la otra mitad la molemos nosotros con un mortero, y así nos arriesgamos menos.

Hay quien le añade una pizca de canela y ralladura de limón, pero eso ya va en gustos, será cuestión de probar.

Como curiosidad, la tarta de Santiago entró en el registro de Indicación Geográfica Protegida el 3 de marzo de 2006, y se especifican en el BOE del 22 de marzo todas las características de la receta original, que se compone de almendras, azúcar y huevos y no lleva harina, excepto en el caso de la tarta forrada (una variante con base de hojaldre o masa brisa). La almendra debe representar al menos un 33% del peso de la tarta y debe ser de una de estas variedades “Comuna”, “Mallorca”, “Marcona”, “Mollar”, “Largueta” o “Planeta”. El azúcar también debe suponer como mínimo un 33% del peso de la tarta y los huevos un 25% (por si añadimos algún ingrediente más). Además, la tarta de Santiago se puede aromatizar con ingredientes como ralladura de limón, orujo, vino dulce, brandy, canela, … Debe tener forma redonda y la silueta de la Cruz de Santiago en la superficie dibujada con azúcar glass. Su textura es esponjosa y granulada, con el sabor típico a almendra y de color dorado al corte.

Como apunte histórico, la noticia más antigua sobre la elaboración y consumo de la Tarta de Santiago (antes denominada bizcocho de almendra) data del año 1577, tras la visita de D. Pedro de Porto Carrero a la Universidad de Santiago y de su investigación sobre las comidas que se daban a los profesores con motivo de la concesión de los grados académicos. Aunque era llamada "torta real", su elaboración con almendra molida, azúcar y huevos, cocido al horno y servido en una pieza fragmentada en porciones individuales, confirma la teoría de que se trata del mismo dulce que hoy llamamos tarta de Santiago.

Las primeras recetas fiables se encuentran en el “Cuaderno de Confitería” que recopiló Luis Bartolomé de Leybar en torno a 1838, así como en “El confitero y el pastelero, libro muy útil para los jefes de casa, fondistas y confiteros”, de Eduardo Merín (publicado en Ferrol en 1893), que ofrece una segunda receta bajo el nombre de "Tarta de Almendra", que ya se adorna con una capa de azúcar molido (o glass).

El fundador de “Casa Mora”, pastelería muy conocida en nuestra ciudad, comenzó en 1924 a adornar las tartas de almendra con una silueta de la Cruz de Santiago. Esta costumbre se afianzó y se difundió pronto por los hornos de toda Galicia.

Esta receta es altamente energética debido al poder calórico de sus ingredientes y a su densidad en nutrientes. Cada 100g de almendra aportan unas 575 Kcal, cada 100g de huevo 150 Kcal y cada 100 g de azúcar 375 Kcal, vamos que no es una receta ligera, aunque como siempre digo, ningún alimento engorda por sí mismo, si no dependiendo del resto de alimentos que lo acompañen a lo largo del día.

Estamos en plena temporada de almendras (de septiembre a noviembre-diciembre). Para que se mantengan en buen estado hay que evitar que se humedezcan y se deben conservar dentro de un recipiente bien cerrado, en un lugar fresco y seco.

Es un fruto seco que presenta un elevado contenido en grasas, sobre todo insaturadas, que benefician la salud cardiovascular, también gran cantidad de proteína vegetal, y en menor medida hidratos de carbono. Las proteínas que contienen son de buena calidad en cuanto a su contenido de aminoácidos esenciales. Su valor calórico es bastante elevado debido a su alto aporte de grasas y a la escasa cantidad de agua que presentan. Su contenido en fibra destaca sobre el resto de los frutos secos por lo que tiene un efecto laxante mayor. Entre los minerales destacan hierro, fósforo, magnesio, potasio, zinc y calcio. Es una de las fuentes vegetales más ricas en calcio, por ello la leche de almendras se emplea como alternativa a la leche de vaca cuando ésta no se tolera, o en dietas vegetarianas. En cuanto a las vitaminas, la almendra tiene importantes cantidades de vitaminas del grupo B: B1 o tiamina, B2 o riboflavina, B3 o niacina, B5 o ácido pantoténico, B6 o piridoxina y B9 o ácido fólico. Además es una buena fuente de vitamina E, de acción antioxidante.

La almendra, es conocida por sus beneficios para la salud. Es rica en calcio, proteínas y vitaminas y su consumo habitual ayuda a prevenir la diabetes y enfermedades cardíacas. También hay estudios que defienden que puede mejorar la salud digestiva ya que aumenta las bacterias intestinales beneficiosas.

Como todo fruto seco, es bastante alergénica, por lo cual debe evitarse su consumo en caso de alergia.

En algún momento os habréis encontrado con almendras amargas, es decir, que presentan un amargor intenso. Este sabor tan desagradable es debido a la amigdalina, un compuesto de cianuro y glucosa que a grandes dosis resulta muy perjudicial para nuestro organismo. Además, a este compuesto debemos sumar la presencia de emulsina, otra sustancia tóxica.

Al comer la almendra amarga se ponen en contacto ambos compuestos, cuyo resultado es la descomposición de la amigdalina en ácido cianhídrico, glucosa y benzaldehído; y ya sabemos que el ácido cianhídrico o cianuro es mortal.

Muchos expertos indican que basta consumir de 15 a 20 almendras amargas para que sus consecuencias en una persona adulta sean muy perjudiciales. En el caso de niños, la cantidad letal sería bastante menor.

Por tanto, si al comer una almendra os dais cuenta de que está amarga lo mejor es que no la consumáis. Y si tenéis la mala suerte de encontraros con varias en el paquete, lo mejor es que lo tiréis; más vale prevenir que lamentar, porque las consecuencias pueden ser peligrosas.

No es una tarta barata ni ligera pero si te gusta la almendra sin duda os parecerá deliciosa, y es muy facilita de hacer. Además la receta original de la tarta de Santiago no lleva harina, por lo que no contiene gluten y es apta para celíacos.

Pues os animo a hacerla este fin de semana, yo por mi parte en cuanto me haga con las almendras.

Disfrutad del puente y hasta la receta del lunes.

 

 

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es