Bollycao

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Bollycao en Thermomix

 

 

Yo soy de las que opinan que, si se puede hacer algo en casa, mejor no comprarlo.

Además, en cuanto a la cocina se refiere, tenemos más garantía de calidad, frescura y, con niños, se lo pasan en grande metiendo las manos en la masa.

Ya os he enseñado a hacer las nubes caseras. ¿Por qué no unos bollycaos?

Aunque lleva su tiempo hacerlos, sobre todo por las esperas, están buenísimos. Eso sí, son para tomar en el mismo día, sino endurecen mucho.

Eso sí, esta es una receta de Thermomix.

 

 

 

 

Los ingredientes:

- 220 grs de leche entera

- 1 cucharada de levadura de panadería

- 60 grs de aceite de girasol

- Unas gotas de esencia de vainilla

- 60 gramos de azúcar

- Media cucharada de sal

- 500 grs de harina

- Tableta de chocolate con leche de toda la vida

- Un huevo para pintar los bollycaos

 

 

Paso 1

Echamos la leche con la levadura en la thermomix y ponemos a 40 ºC, velocidad 3, 4 minutos.

Paso 2

Echamos el resto de los ingredientes por el bocal y amasamos a velocidad espiga, con la ayuda de la espátula durante 10 minutos.

Paso 3

Dejamos descansar 5 minutos y volvemos a amasar 10 minutos a velocidad espiga. Esta vez no nos hará falta la espátula.

Paso 4

Dejamos reposar una hora en un bol.

Paso 5

Al cabo de esa hora, habrá incrementado el volumen. Sacamos del bol y amasamos unos minutos, hasta que la masa coja la temperatura de nuestras manos.

Paso 6

Cortamos la masa en 10 trozos iguales y les damos forma de bola. Dejamos reposar 15 minutos.

Paso 7

Después de esos 15 minutos, estiramos las bolas en forma de círculos y ponemos en medio de ellas, como haciendo la señal de stop, una tira de tableta de chocolate.

Envolvemos bien y vamos poniendo los bollycaos encima de la bandeja de horno con papel especial. Los pintamos con un poquito de agua. Dejaremos unos 2-3 centímetros de distancia entre los bollos, ya que los vamos a dejar descansar, tapados con un film transparente, unos 30 minutos y van a seguir "levedando".

Paso 8

Quitamos el film y pintamos ligeramente con huevo batido.

Con el horno precalentado a 200 ºC los meteremos unos 15 minutos. Eso lo vamos comprobando con el color que van cogiendo.

Buen provecho

 

Los consejos de Gemma:

 

En 1962 nace nuestro querido donuts, menudo éxito tuvo desde el principio, y suma y sigue hasta hoy... Los de mi quinta os acordaréis del famoso anuncio: “¡Anda, la cartera!”, porque lo impensable era olvidarse el donuts para el recreo. Yo sinceramente siempre fui más de salado, nunca me ha tirado el dulce, e incluso era raro que probara la tarta en los cumpleaños, quizá alguna vez, y más por compromiso que otra cosa. Es ahora cuando le estoy empezando a coger gusto a algunas cosillas dulces, como el chocolate (a la vejez viruelas). Cuando nací el bollycao, primo hermano del donuts, ya circulaba desde hacía unos años por todos los kioskos del país, y era habitual verlo en los patios de los colegios, y en los parques a la hora de la merienda. En mi casa nunca se consumió bollería industrial, y hoy en día lo agradezco. Al igual que Minia opino que ya de comer bollería, si es caserita, mucho mejor que la industrial: es verdad que se lo tiene que currar uno, pero no tiene sebos, ni grasas hidrogenadas o trans, ni aditivos como colorantes o conservantes; y nos sale más barata, tanto para el bolsillo como para la salud.

¿Os habéis pasado a ver la receta de las nubes en este blog? Yo no las he hecho, pero las probé hace un tiempo, en una de las primeras veces que se montó el mercado de Belvís de los martes. La verdad es que están buenísimas, tanto las de fresa como las de vainilla y no saben a química como las originales. Aunque es verdad que llevan bastante azúcar, son mucho más sanas que cualquier chuchería comprada, y si tenéis niños se lo pasarán en grande en la cocina.

El bollycao es un alimento bastante calórico (450 Kcal/100g) y principalmente hidrocarbonado, aportando glúcidos tanto complejos o de absorción lenta (harina) como azúcares simples o de absorción rápida (azúcar y chocolate). También es proteico por la presencia de una cantidad reseñable de leche y lipídico por la grasa aportada principalmente por el aceite y el chocolate. Como siempre, parto de la base de que no hay alimento que, tomado con moderación, resulte dañino, pero es obvio que un bocadillo o una fruta son opciones más interesantes nutricionalmente que la bollería; sin embargo dentro de una dieta equilibra puede darse uno un capricho de vez en cuando… como dice el refrán: una vez al año no hace daño; y si además es hecho en casa mejor que mejor.

El consumo de productos de bollería industrial debe ser moderado ya que, aparte de ser alimentos muy calóricos, no producen sensación de saciedad, pues no aportan prácticamente fibra y tienen un porcentaje elevado de azúcares simples que son absorbidos rápidamente. La suma de estos dos factores, alta densidad nutricional y baja sensación de saciedad, no nos ayudan precisamente a mantener el peso. Los azúcares simples provocan con mayor facilidad picos de glucosa en sangre, por ello no se recomienda a personas con diabetes. También aportan colesterol, y si se consumen en exceso pueden provocar hipercolesterolemia y/o arterioesclerosis y aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

El aporte de vitaminas y minerales es escaso. Cuando consumimos bollería estamos dejando de consumir otros productos más beneficiosos para nuestra salud. Esta decisión pone en riesgo el llegar al consumo mínimo recomendados de algunos nutrientes (sobretodo vitaminas y minerales) y esto desequilibra nuestra dieta y también nuestra salud.

El principal inconveniente de la bollería industrial está en los procesos de fabricación, pues en muchos productos para alargar su vida o para ofrecer un precio más competitivo se añaden gran cantidad de aditivos, grasas saturadas y ácidos grasos trans.

Por ejemplo hay estudios que relacionan la ingesta de colorantes artificiales presentes en postres, confitería, refrescos o bollería industrial con el comportamiento hiperactivo y de déficit de atención en los niños que los consumen.

A la hora de adquirir un alimento es importante conocer su composición. Conviene saber interpretar el etiquetado nutricional y elegir con criterio un producto u otro. En el caso de la bollería industrial resulta interesante poner especial atención en el tipo de grasa que se emplea en su elaboración

La mayoría de la bollería industrial contiene grasas vegetales y grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas, como habréis leído en sus etiquetas, cuyo exceso puede perjudicar la salud cardiovascular.

¿Os habéis preguntado por qué la margarina es semisólida si está elaborada a partir de aceites vegetales que son líquidos a temperatura ambiente? Pues porque existen tratamientos que modifican la estructura química de los aceites y es un paso obligado en la fabricación de margarinas y grasas emulsionables. Uno de ellos es la hidrogenación, que consiste en saturar todos o parte de los dobles enlaces de los ácidos grasos insaturados (como el oléico o el linoléico). Así se obtienen grasas que se funden a mayor temperatura (punto de fusión alto) y por lo tanto son sólidas o semisólidas a temperatura ambiente (si no, tendríamos margarinas líquidas).

Esto se hace por su bajo coste y porque la hidrogenación estabiliza esa grasa frente a la oxidación (es decir, tarda más en enranciarse y dura más) y modifica su comportamiento respecto a la cristalización; pero tiene varios inconvenientes: por una lado, hace que disminuya su valor nutritivo debido a las transformaciones en los ácidos grasos y en los carotenoides (antioxidantes) que están presentes en el aceite original, es decir que se convierten en sebos o grasas saturadas o “malas” (con su mismo comportamiento en nuestro organismo), pero además tienen otro problema añadido y es que en este proceso de hidrogenación (o saturación) a partir de estos ácidos grasos se forman isómeros o grasas trans, un tipo de grasas que al metabolizarlas nuestro organismo pueden provocar a la larga problemas para la salud, pues no sólo incrementan el colesterol malo, sino que también reducen el colesterol bueno o HDL. En nuestro país no se ha implantado ninguna regulación sobre la presencia de grasas trans, pero por ejemplo Dinamarca tiene establecido un límite legal: menos de un 2% en los alimentos industriales, y Estados Unidos obliga a que se especifique la cantidad de grasas Trans en la etiqueta de los envases.

Este tipo de grasas se emplea con frecuencia en la elaboración de multitud de productos como palomitas, patatas fritas, productos precocinados, empanadillas, croquetas, canelones, pizzas, galletas, bollería industrial….

De ahí la recomendación de que huyáis de los productos industriales, pues aunque en la etiqueta ponga que contienen grasas vegetales o “parcialmente hidrogenadas”, la realidad es que son similares a los sebos, y se comportan en nuestro organismo como las grasas animales o saturadas, con el problema añadido de tener compuestos trans, que no resultan nada sanos..

Por todo esto siempre digo que es más sana una mantequilla natural, obtenida de la leche sólo a través de procesos mecánicos, que una margarina. En nuestra cocina, tanto en platos salados como en repostería tenemos la opción de usar mantecas o mantequillas, o nuestro sanísimo aceite de oliva.

Junto a los bollycaos de hoy, las alternativas caseras a la bollería industrial son muchas (galletas, bollos, bizcochos, palmeras, magdalenas, etc). En casa, conocemos y elegimos qué ingredientes usamos y controlamos todo el proceso. Pueden prepararse con grasas saludables, como aceite de oliva o girasol, e incluir ingredientes tan recomendables como fruta, frutos secos o lácteos. Lo que deberemos valorar es si compensa el tiempo que nos lleva, ¿no os animáis? Buen fin de semana culinario y hasta la receta del lunes, un plato dulce-salado que pinta muy bien, os esperamos.

 

 

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es