Bizcocho de castañas y chocolate

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Bizcocho de castañas y chocolate

Los Ingredientes son:

- 3 claras y dos huevos enteros

- 200 grs de castañas (con cáscara)

- 120 grs de nata para montar

- 100 grs de aceite de girasol

- 200 grs de azúcar

- 200 grs de harina

- 2 cucharaditas de levadura

- Pepitas de chocolate negro

- Una pizca de sal

Paso 1

Ponemos a cocer las castañas limpias, pero con la cáscara durante una hora, para que queden blandas.

Paso 2

Una vez que están cocidas, las tapamos con un paño mientras enfrían. Cuando estén a temperatura ambiente, las pelamos. Al tener la cáscara, se elminará más facilmente la piel intermedia que tienen.

Paso 3

Las mezclamos con la nata batiéndolas hasta que se desahagan.

Añadimos el azúcar, aceite, harina, los dos huevos y la levadura. Mezclamos muy bien.

Paso 4

Con la sal, montamos las claras a punto de nieve y las mezclamos a la preparación anterior con movimientos envolventes para que no pierdan la esponjosidad.

Paso 5

Añadimos un puñado de pepitas de chocolate y ponemos en un molde de silicona al horno precalentado a 180 ºC durante unos 40-50 minutos. Hacemos la prueba del cuchillo para comprobar que está en su punto.

Buen provecho

 

 

 

 

 

 

 

Los consejos de Gemma

Cuando llega el otoño, llegan las castañas. Da gusto ver en Santiago, por la zona vieja, las castañeras con forma de locomotora.

En esta época siempre reservo un día para dar un paseo por la zona vieja con mi cucurucho de castañas recién hechas.

Este fin de semana, en el que no paró de llover ni cinco minutos, estaba día de castañas, y como mis padres tienen chimenea, las hicimos asadas.

Pero me sobraron unas pocas. No eran muchas como para hacerlas asadas de nuevo, así que decidí hacer un bizcocho con ellas.

Miré recetas, pero en casi todas utilizan harina de castañas, cosa que no tenía, simplemente quería aprovechar las que me sobraron. Así que, me inventé este bizcocho que, como decía mi bisabuela "mal que en mis labios suene", al final salió buenísimo.

Espero que os guste.

 

 

¡Toma castaña! Hoy Minia nos sorprende con un bizcocho elaborado con uno de los productos de nuestra gastronomía más antigua y tradicional, la castaña, que lleva en nuestra cocina toda la vida, aunque hoy en día no le demos el protagonismo que se merece.

Ojo y sin abusar, que este postre tiene pinta de estar delicioso…pero es contundente y lleva bastantes alimentos calóricos, pues incluye harina, aceite, nata, castañas, azúcar y chocolate, casi ná!!

Antes del descubrimiento de América y de la llegada a Europa del maíz y la patata, la castaña, junto al trigo, era la base de la alimentación de Galicia y de toda la población europea.

Es uno de los alimentos más antiguos, pues su consumo se remonta al Paleolítico, aunque fueron los celtas y los romanos los que le dieron mayor protagonismo en la alimentación, pues se utilizaba en la elaboración de multitud de platos. Llamaban a los castaños los árboles de pan, pues nuestros antepasados comían las castañas asadas, como se hace ahora, pero también hacían con las castañas secas o “pilongas” harina para alimentarse todo el año. Antiguamente se empleaba para combatir el hambre, sobre todo en épocas de guerra, pues la harina de castaña es muy parecida a la de otros cereales; tiene mayor valor calórico que las patatas, aunque menos que la harina de trigo o las nueces.

Sin embargo poco a poco ha ido despareciendo su consumo hasta hoy, y la hemos sustituido casi por completo por la patata; se han perdido miles de hectáreas de castaños, pues se han cortado, se han secado o se han quemado en los incendios forestales. Va disminuyendo su población en Galicia y, cada vez más, la invasión de eucaliptos empobrece nuestros montes. El castaño, además de darnos este fruto y una buena sombra, también favorece el crecimiento de setas a su alrededor, así que doble beneficio. Es una pena que no aprovechemos todo su potencial. En los restaurantes gallegos son ignoradas, quizás por considerarse un producto tan al alcance, tan cercano y tan familiar. Es curioso que aquí se considere casi un producto vulgar, restándole valor, y en las cocinas de países como Francia, Suiza, Italia o Japón sean consideradas una exquisitez, que aparezca en multitud de platos como guarnición, como relleno, o como plato en sí, y que además cobren un montón por ello. Vamos, que tiene delito, que tengan que venir los "maitres" franceses e italianos a enseñarnos a hacer los platos que siempre hicieron nuestras abuelas y a valorar lo nuestro.

Las castañas se pueden encontrar en el mercado desde principios de otoño hasta finales de invierno. Al comprarlas debemos observar el estado de su piel, que sea brillante. Para conservarlas, lo mejor es guardarlas en un lugar fresco y seco. Es importante no almacenarlas dentro de bolsas de plástico ya que pueden enmohecerse. Tanto crudas como asadas, las castañas pueden conservarse perfectamente en el congelador durante unos seis meses.

Se pueden consumir crudas, asadas al horno o parrilla, cocidas o en puré. Se utilizan para elaborar tartas, mermeladas, rellenos de bombones y otros postres; y con ellas se elabora el marrón glacé (se pelan, se confitan en almíbar ligero y se glasean con vainilla natural).

Se utilizan para elaborar harina y, trituradas, aromatizan cremas pasteleras, helados, bavaroisse y postres como el Mont Blanc. La harina de castaña es de textura fina y sabor delicado. Se usa como componente de multitud de platos como la pasta (tallarines de harina de castaña), papillas infantiles, espesante de salsas, panes, etc.

Hoy en día, que parece se está recuperando su uso, también forman parte de la guarnición de platos salados sobre todo carnes, aves y caza con los que combina muy bien y realza su sabor. Podemos encontrarlas en sopas e incluso se sirven ya con pescados como el rodaballo.

La castaña es un fruto rico en hidratos de carbono complejos y bajo en grasas. Son buena fuente de minerales como el hierro, calcio, potasio, fósforo y magnesio. Su riqueza en potasio es importante para controlar la retención de líquidos y favorecer la diuresis; y el hierro es necesario para la formación de hemoglobina y prevenir la anemia.

Son ricas en vitaminas A, C y del grupo B, sobre todo B2 (riboflavina) que regula el metabolismo tanto de proteínas como de grasas y B3 (niacina o PP), preventiva de la pelagra.

No debemos olvidar la función de los hidratos de carbono en la dieta. Deben ser la principal fuente de energía, aportando un 50-60% de la energía consumida al día. Pero en los últimos años la tendencia es la contraria. Como ya os he comentado alimentos feculentos como trigo (pan, pastas, galletas,…), patatas o arroz, tienen mala fama y se han ido eliminando de la dieta, con la consecuente subida de los porcentajes de energía aportados por proteínas y grasas. El poder calórico de las grasas es el doble que el de los hidratos de carbono.

Los hidratos de carbono son el único combustible del cerebro (el organismo los descompone en glucosa que el cerebro aprovecha para sus funciones); por lo tanto su déficit puede derivar en nerviosismo, ansiedad y falta de atención y concentración. La hipoglucemia (bajos niveles de glucosa en sangre) lleva a estados de debilidad y apatía general.

Se recomienda el consumo de castañas a personas con agotamiento físico y estrés, depresión, anemia, debilidad orgánica o intelectual y durante la lactancia y el embarazo. Son un buen alimento para niños, ancianos y convalecientes, aunque deben controlar su consumo los diabéticos. Es fácil de digerir por lo que es un buen complemento de la dieta en personas mayores con problemas de masticación. Sin embargo tiene un problema que todos conocemos, son muy flatulentas, producen gases tanto si se comen asadas como cocidas. Para disminuir los efectos, en ambos casos, se aconseja masticarlas bien. Pero además ya nuestras abuelas sabían que el anís tiene poderes digestivos y combate la aerofagia, por eso, cuando cozáis castañas no olvidéis echar unos granos a la olla.

Por otro lado he oído que se añade también un tallo de berza, no estoy segura si para reducir los gases o para que la piel se despegue fácilmente.

Las castañas se pelan mejor si le cortamos la cáscara en toda su circunferencia y luego las metemos tres minutos en agua hirviendo. Hay que pelarlas antes de que se enfríen.

Otros trucos son añadir una cucharada sopera de aceite al agua hirviendo o introducir las castañas en el congelador la noche anterior, escaldarlas en agua hirviendo e inmediatamente sumergirlas en un chorro de agua fría y pelarlas.

Pues nada más, estamos en la época ideal para incluir la castaña en nuestros postres y platos salados; debemos recuperarla, porque es deliciosa y por ser una de nuestras señas de identidad más antiguas; así que os animo a elaborar platos, guarniciones y postres tan ricos como éste.

El mismo Alejandro Dumas cuando pasó por Galicia escribió: “… Francia rellena con trufas, Castilla con aceitunas, Cataluña con ciruelas y Galicia con castañas… Con Marrón Glacé, que es lo más exquisito y el relleno de los países más civilizados…”

Buen fin de semana y hasta la receta del lunes.

 

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es