Imprescindibles 2

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Las "lambeteiras"

Realmente no sé cual es su nombre verdadero, podría buscarlo en internet, que lo que no se encuentra es que no existe. Pero como le llevo llamando así toda mi vida, no me apetece rebautizarlo.

El que quiera, que lo busque.

Al caso. Ya sé que es muy manido eso de "en los tiempos que corren" hay que aprovecharlo todo y evitar tirar comida, pero lo cierto es que es así.

Si se hace una masa para magdalenas, con los restos que van en el bol, tenemos para una magdalena entera. "Y no está el horno pá bollos". Nunca mejor dicho.

Bueno, a lo que íbamos. El caso es que hay múltiples versiones en el mercado, pero a mí las que más me gustan son las pequeñitas y blanditas. Las que te ayudan a llegar a todo tipo de huecos. Para la Thermomix están genial.

Eso sí, tengo un par de ellas, que si hay que hacer un brazo de gitano hay que usar una para la masa del bizcocho y otra para la crema pastelera.

Sí, ya sé que se pueden limpiar, pero ahí va uno de mis "defectos", tengo alergia a los productos de limpieza. Y no lo digo por decir, es cierto. Ya sé que suena a excusa para no limpiar los cacharros, pero así es. Hay gente así de rara.

Además, aparte de la función "arrepañadora" que tiene, también se puede utilizar como espátula para extender la comida. Que no, que con los dedos no queda bien, que siempre quedan grumos.

Jabón de acero

Hay jabones de glicerina, de la Toja, y de acero.

Tal cual, acero. Sí, el metal. San sencillo como eso.

¿Para que se usa? Para quitar olores. De las manos, claro. No os quiero ver dejando el jabón en la encimera y esperar a que, por arte de magia, se vayan los olores de la cocina después de hacer unos callos. Que, por cierto, un buen truco para ello es poner unas velas, y de paso, el que crea en ello, que le rece una a San Pancracio, que creo que da suerte para encontrar trabajo. Además, debe ser cocinero, que también le gusta el perejil.

Eso sí, no me pongáis una estampita del San Pancracio en la cocina, que a ver si nos vienen todos los santos a la mesa y convertimos la cocina en la Última Cena.

A lo que íbamos, el jabón de acero saca el olor de los ajos y el pescado de las manos.

¡Menuda mariconada! Dirán algunos.

De eso nada. ¡Odio el ajo! Y no es que tenga aires de la Beckham, pero es así.

Hay quien se le da por inundar la carne en ajo. ¡Otro sacrilegio! Si no os gusta la carne, no compréis carne.

Una vez me vi intentando descubrir qué había debajo de una cama de ajos instalada en mi plato. ¡Era carne! Un bistec de esos que quitan el hipo. Pues nada, ahí estaba. Embadurnado en ajo.

Pero ya sé que hay cosas que es inevitable cocinar con ajo. No se me ocurre hacer un ajillo con cebolla, por ejemplo.

Pues para no seguir los siguientes dos días oliéndome los dedos, que basta que sepamos que huelen mal para que estemos todo el día con ellos en la nariz, me los lavo con el jabón de acero.

Simplemente frotándome las manos con él debajo del agua, ya está.

Hombre, ante la ausencia del jabón, me tengo frotado las manos con una cuchara o con un cucharón, como dicen los Cantajuegos en su canción. Pero no nos olvidemos de que llevan níquel, uno de los elementos que más alergia provoca. En el apartado de curiosidades tengo un especial sobre los alimentos que llevan níquel.

Y el truco de poner las manos en remojo sin frotar con agua fría... a mí no me funciona. Serán cuentos de viejas.

Bol

 

Ya lo he nombrado anteriormente.

No es la primera vez que me veo batiendo los huevos de la tortilla en una olla. Y no hay mejor manera de estropearla que a base de castañazos con el tenedor. Bueno, hay quien dice que quedan más ricas batiéndolas con la cuchara, pero lo he probado y, menos en el bol, me queda huevo por toda la cocina.

Pues eso, señores arrendadores de apartamentos para el verano. Un bol, un pequeño bol, no pido más.

Además, en casos de necesidad también se puede usar como frutero, panera o ensaladera. Aunque las ensalada, mejor quedan en fuentes planas. Si no, que se lo pregunten a mi suegra, que es la reina de las ensaladas.

Algún día os contaré mi guerra con el arroz con leche de mi suegra.

En cuanto al bol, ya sé que hay varios materiales, y la conclusión es que, el mejor, es el de cristal. Aunque hay una pequeña excepción con el cobre, ya contaré.

¿Porqué el cristal?

En primer lugar, el plástico no siempre es bueno, por eso del tipo de plástico que usamos. Y ya dijimos en apartados anteriores que los oncólogos ya están a tope de trabajo.

Además, cuando le queremos pegar un film para guardar, acabamos por utilizar medio rollo ya que no se queda bien pegado en el plástico. Y empezamos a dar vueltas con el film, tal cual los que nos envuelven las maletas en el aeropuerto a 9 euros. Me sale más barato llevarlas yo desde casa.

Así que quedamos en que el plástico, descartado.

En cuanto al metal, mejor no. Para empezar, al batir en un bol de metal, acabamos por rayarlo, y nunca sabemos el material que puede desprender. Pero sobre todo digo que no porque, señores, ¡¡¡no se puede meter metal en el microondas!!!. Que no existe función fuegos artificiales en el microondas. Que eso es que algo no va bien. Así que, mejor no arriesgarnos y utilizar para todo el bol de cristal.

Bueno, todo, todo, no. Quien tenga la suerte de disponer de un bol de cobre, que lo use para montar las claras. De esta forma no tiene la necesidad de usar cremor tártaro. Eso sí, las claras que estén a temperatura ambiente y con un poquito de sal.

Espumadera

 

Volvamos al Ikea.

¿A quién se le ocurre comprar una espumadera de plástico?

Que no, ¿es que acaso no sabéis que se acaba por derretir en el aceite?

Al final se le acaban tupiendo los agujeros y en vez de espumadera se acaba convirtiendo en cucharón, y ala, ahí van las patatas con todo el aceite de la sartén. ¡Vivan los michelines!

Que por cierto, hay una cosa que se llama depósitos-para-aceite-de-después-de-freir. Que eso de meter la sartén llena de aceite en el horno cual si fuera la alacena es una GUARRADA.

Hay unas espumaderas maravillosas metálicas que tienen huecos tan grandes que con un pis-pas quitamos todo el aceite.

Si es por cuestión de precio, poca diferencia hay con las de plástico, salvo que nos vayamos a las WMF o similares.

No es la primera vez que me veo quitando las patatas fritas con dos tenedores. Y eso es más difícil que hacer encaje de bolillos, el cual ya he probado y no resulta tan complicado como a primera vista pueda parecer.

Queda dicho, una espumadera metálica, y si es de varillas, mejor. Sí, como la de la foto.

Eso sí, para hacer los huevos fritos, como que no, eh? Que en vez de huevos fritos nos quedarían huevos rotos.

Por cierto ¿sabéis cuál es el truco para que no se pegue el huevo en la espumadera? Antes de rescatar el huevo del aceite, hay que calentar la espumadera en el mismo aceite. Y ala, ya está, el huevo no se pega. Me falta la música de violín como Juan Tamariz.

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es