Imprescindibles 1

 

 

ISO, VELOCIDAD, DIAFRAGMA Y UN POQUITO DE SAL

Los cuchillos

En la cocina debería haber unos cuantos imprescindibles.

Primer imprescindible: los cuchillos

Cuando llego a una casa, normalmente en verano, en alquiler, y me pongo a buscar mis herramientas de cocina, me desespero.

Lo primero que busco y que nunca encuentro, son cuchillos que corten en condiciones. ¿A quién se le ocurre alquilar un apartamento para el verano y no poner entre los enseres un par de cuchillos que corten? ¿Quién es el superhéroe capaz de pelar las patatas con el cuchillo de la cubertería del Ikea?

Ni para huevos con patatas fritas tengo herramientas.

Así que ya va el primero: cuchillo pelador. Y no me vale el pelapatatas, salvo que sean fabricadas en serie y no tengan cráteres. Que con el pelapatatas hay que atacarlos cual fuera una segadora. Nada, cuchillito pelador.

Son muy buenos los que venden en los mercadillos, los del mango de madera-color madera. Los de toda la vida. Tengo uno en casa que compré en Padrón hace 14 años y creo que no se ha afilado nunca. Eso sí, cuando lo lavéis, que no sea en el lavavajillas y secarlo al momento, que se oxida.

Y, acompañando a éste, un cuchillo en condiciones para picar cebolla. Siguiendo con los huevos, ¿y si queremos hacer con ellos una tortilla de patatas con cebolla? Sí, hay gente a la que le gusta. Y mi chico la borda.Nada, que en el apartamento de verano, con vistas al mar y con un sol de justicia, me tengo que poner a pelar las patatas con el cuchillo de la cubertería de Ikea y a cortar la cebolla a mano, porque cualquiera le mete el cuchillo con sierra. Para ponerme a llorar como una loca y perderme la playa por tener los ojos como tomates.

Venga, que no es muy caro, un cuchillito de unas dimensiones razonables para poder hacer un picadito de verduras.

Eso sí, lo del taco de cuchillos...mejor lo dejamos para las pelis de Hitchcock.

La batidora

Un segundo imprescidible en toda cocina es la batidora.

Pero la batidora, no nos engañemos, no es sólo esa hélice que gira sobre sí misma. Tiene más aparatos.

¿Alguna vez os habéis fijado en esa especie de bola con barillas? Sí, esa se usa, y más de lo que nos podamos imaginar. Volviendo a las tortillas. Menudo sacrilegio echarles levadura para que queden más esponjosas. Nada. Cogemos la batidora de barillas y le damos unos cuantos minutos a los huevos. Y si no nos llega el nivel de esponjosidad, batimos primero las claras y después le vamos incorporando todo lo demás.

Y en verano, en ese apartamento alquilado con vistas a la playa- creo que ya me están entrando ganas de irme de vacaciones- que bien sienta un salmorejo. Y sí, podemos recurrir a la receta del Thermomix. El Thermomix, ese gran invento. Y simplemente sustituímos el monstruo ese que nos ocupa media encimera pero que nos regalaron diciendo que le íbamos a sacar partido y aún no sabemos como, por una batidora. Así de sencillo.

Y no, no penséis que soy una enemiga del Thermomix, al contrario. Soy una gran admiradora, pero no soy Thermoadicta. Entiendo sus virtudes y sus desventajas.

Yo misma la tengo recogida en el almacén. Me diréis, así no la usas. Sí, sí que la uso, pero como digo, en su justa medida.

Lo que no aconsejo es que aquel al que le acaben de regalar la Thermomix, la guarde directamente en el almacén. No, un par de añitos en la encimera para recordarnos que existe no está mal.

Después, cuando ya tengamos el hábito cogido, la podemos retirar de la vista. Pero hasta ese momento, tener el recuerdo constante de, aquí estoy, utilízame,.. no está mal.

Llegará un momento en que no os salgan las bechameles igual, o un arroz caldoso no será lo mismo con la Thermomix que sin ella. Pero hasta ese momento, ahí está. Como un azulejo más de la cocina.

¿Imprescindible la Thermomix? Creo que de momento no alcanza tal categoría.

Pero la batidora, sí.

Las especias, ese gran desconocido

 

Sí señores. En el mercado hay más especias que la canela, la pimienta negra y el orégano.

Y no, el colorante alimenticio no tiene categoría de especia, por lo menos en mi cajón.

Cuando llego a una casa y me pongo a cocinar. Diréis, qué cosa tiene esta, que cocina en casa ajena. Pues sí, cocino en otras casas, que a veces me invitan a comer en casas ajenas con la condición de que yo haga la comida.

Aún ahora estoy pensando en la ventaja que tiene ello. Sí, sí que la tiene. Que no limpio, que puedo conocer otras formas de cocinar y, sobre todo, que no pago yo.

Eso sí, si alguien deja de invitarme a su casa con la excusa de que no cocina como yo, que no se preocupe, me adapto a todo... menos al ajo y al atún. Y mi comida favorita es la pizza.

Sólo hubo una casa en la que al final me arrepentí de haber dicho que sí que hacía la cena. Tenía una cocina más grande que mi piso de 40 metros cuadrados. Cuando acabé de hacer la cena, ya me quería ir para cama. Acabé derrengada. Creo que hice más kilómetros aquel día que Indurain en la vuelta a España.

La siguiente vez que cocine en esa casa, llevaré los patines.

Bueno, a lo que iba. Las especias.

Pues sí, hay muchas más en el mercado: salvia, romero, tomillo, cilantro, cardamomo, nuez moscada, chile,...

Yo soy de las que usa por lo menos tres en casi cada comida. Si tengo dudas de cual usar, olfateo los botes hasta que el olor me casa con la comida que pretendo cocinar. Eso sí, cuidado con la mano, que a veces se nos escapa. Poquito a poco, que después no reconocemos lo que estamos comiendo, y pensamos que es cordero cuando realmente lo que estamos metiendo en la boca es salmón.

En cuanto al colorante. ¡Yuyu! Es preferible no echar nada a la comida que echar unos polvos que lo único que dan es color.

Que sí, que ya sé que la comida entra por los ojos. Pero hay veces que hay que tener la mente abierta y aventurarnos a nuevas vistas.Y si no, nuestro oro culinario: azafrán.

Un consejo. Para que se coloree más la comida podemos calentar un poquito el azafrán antes de usarlo y "voilà", magia. Ya veréis que colorcillo coge.

El escurridor

 

Así de sencillo.

¿A quién no le ha pasado que, al escurrir los espaguetis sin colador, se le han colado por el fregadero, quemado, resbalado la tapa o haya odiado al que se le ocurrió la brillante idea de hacer espaguetis precisamente el día del alisado de peluquería?.

Ala, ahí va todo el curro de la peluquera por el fregadero, junto con una docena de espaguetis y otra de euros.

Un colador no es tan caro y nos saca de algún apuro.

Además, es una buena solución para poder quitarle bien la grasa a unas verduritas fritas... sí, para la tortilla, en este caso paisana, o para limpiar un pescado y dejarlo lo más seco posible. De esta manera nos evitamos esos salpicones en la cocina cuando hagamos los rapantes.

¡Y que no se os ocurra decir en la pescadería que le quiten la cola y las aletas! Otro sacrilegio de la cocina. ¡Lo más rico de los rapantes! En casa le llamamos "patatas fritas de pescado" Y mis hijos se relamen cada vez que los hay.

Que no, que no es un rollo pasar por la harina el pescado. ¿Que no hay manera de despegar la harina después del plato? Pues no hay problema, sustituimos el plato por un papel de aluminio, y ya está. Cuando acabamos lo enrollamos y lo tiramos todo a la basura.

¿Y que es eso de guardar la harina sobrante para futuras ocasiones? Si os enseño la foto de unos anisakis con los que me encontré un día en una merluza se os quitan las ganas de guardar la harina y dejar que campen a sus anchas por el cajón o donde quiera que la guardéis. Por cierto, ¿sabíais que cuando más anisakis hay es en los meses calientes?.

Pensándolo bien, casi la voy a poner, para que veáis que no me lo invento. Aquí está:

Ya sé que para matar a los anisakis hay que cocinarlos por encima de los 60 ºC, pero con esta merluza opté por la solución rápida: corté por lo sano. Así que, de una merluza de dos kilos sólo comimos uno, pero tranquilos.

La última recomendación. Siempre que se use el papel de aluminio, acordaos de que el lado brillante es el que debe estar en contacto con los alimentos, no el otro, que es el que tiene aluminio. O por lo menos eso dicen. Y ya tienen mucho trabajo los oncólogos como para que les demos más, ¿no?.

 

Ñam

© 2014 Minia García buzon@lacocinademinia.es